¿Qué está pasando con Corea del Norte? ¿Qué relación hay con la política ecológica de las potencias árticas? ¿Qué consecuencias avistamos de cara a 2050?

Ante todo, hay que explicar que, lejos de los bulos que corren sobre la República Popular de Corea, su régimen es altamente estable pero su economía depende casi en exclusiva del mercado interno, del sector pesquero y de los acuerdos con China. ¿Porqué China sigue manteniendo acuerdos comerciales con Corea del Norte? Acuerdos que son ruinosos o que suponen un porcentaje exiguo del volumen de mercado internacional. Principalmente, porque China sigue obligada por la amenaza que supone la continua presencia estadounidense en los vecinos del Sur. Las dos Coreas nunca firmaron un tratado de Paz y, teóricamente, siguen en guerra aunque en un alto el fuego que dura ya más de 60 años. China y la URSS apoyaron en los 50 la creación de un estado comunista en la península y China mantiene ese compromiso. 

Por otro lado, China es competencia directa del mayor astillero del mundo: la región de Busan, en Corea del Sur, que produce cerca de 60 mil toneladas de barcos al año, principalmente petroleros y cargos del Ártico. La desaparición del estado independiente de Corea del Norte daría una mayor costa a Corea del Sur, más espacio de producción, menor riesgo de flotación y menores costes de exportación. Y por ahí China no quiere pasar. 

Pero, ¿a quién le interesa una bajada de precios de los barcos que Hyundai, Samsung o Daewoo producen? En 2016, los principales compradores de grandes cargos rompehielos destinados al comercio y transporte por el Ártico fueron Noruega, Rusia y Estados Unidos. 

¿En qué afecta eso? Hasta ahora, el transporte de carga se hace vía Canal de Panamá y por la costa norte de Rusia, en invierno cerrada, a través del estrecho de Bering, entre Rusia y Alaska. Eso conlleva un retraso de entre 6 y 8 meses con el consiguiente sobrecoste del envío. La llegada de nuevos y más baratos rompehielos de carga produciría hasta 8 mil millones de dólares de ahorro a las grandes compañías petroleras y madereras.

Tanto Rusia como Estados Unidos comparten políticas que rechazan el calentamiento global y abogan por un aumento de las tasas de emisiones de gases de efecto invernadero. Seguir los protocolos de Kyoto y de París reduciría el riesgo de deshielo inminente del casquete polar ártico, pero con las nuevas medidas de desregularización de emisiones aprobada por el gobierno de Trump, se calcula que las vías Navales del Ártico estarán disponibles de aquí a 13 años. La apertura de estas vías producirán un ahorro para Estados Unidos, Rusia y Noruega de más de un 60% en el transporte naval de mercancías y de petróleo. 

La política de defensa de la integridad económica y productiva de Corea del Sur y la de liberalización de emisiones de gases de efecto invernadero, pues, está ligada a los intereses comerciales de las grandes potencias, a su necesidad de mantener el monopolio del Ártico y de reducir costes en la exportación de productos contra las economías emergentes y contra China.

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